23.1.14

Desarraigo














Parpadeo de un ocaso azafrán,
brisa candente, trémulo estío;
silencio profundo gobierna el alma
del asceta que vive entre el gentío.

La soledad del andurrial buscado
se construye en el espíritu inquieto
que luego crea fuera la realidad
en anhidro suelo, entre áridos cerros.

Ya no importa si las muchedumbres
balbucean incoherencias heredadas,
taciturno es el canto del profeta
que vislumbra verdad en la alborada.

En un desmán de mente eremita
la vida en sociedad simula fragor,
más el retiro sempiterno esboza
aliviado júbilo en la paz interior.

La visión abre nuevos horizontes
cual matices y pétalos de lirio,
al instigar en la libertad añorada
el caminante da comienzo al exilio.

Natalia Peralta Paéz

1 comentario:

Gaby dijo...

Hermoso...