20.4.18

Rodar Tierra en San Juan

Me adentré en Parque de Mayo hasta el lago y vi a Sebas sentado en el pasto escribiendo algo en su anotador, con su compañero Ngurú descansando al lado. Nos saludamos con un lindo abrazo, preparé el mate y nos dispusimos a conversar largo y tendido.

Tras recibirse de farmacéutico en Córdoba, su provincia natal, Sebas Inzúa emprendió un viaje en bicicleta a lo largo de toda la Argentina, desde Usuahia hasta la Quiaca, como un Chris McCandles que en vísperas de graduarse ya le latía en el pecho la pasión por la ruta y la búsqueda de su propio camino, sólo que con muchos mejores augurios. En su paso por Mendoza se le sumó a su andar un perro abandonado, que lo adoptó como compañero de ruta al notar que no se despegaría de su lado y lo bautizó Ngurú, que significa “zorro” en mapuche. Adaptó la parte trasera de la bicicleta para que su compañero pueda viajar cómodo cuando sus cuatro patas se cansen.

Como buen sagitariano, Sebas además de viajero es muy sociable, le encanta conocer a los lugareños y sus costumbres, probar las comidas típicas de cada provincia y practicar senderismo, montañismo o recorrer lagos y ríos en kayak.

Pero todo viaje es también un viaje interno, hablamos también de esos momentos de silencio en medio de la más pura naturaleza donde tus sentidos se expanden y te sentís como parido una vez más por el Cosmos, esa meditación inherente a la soledad que trae el sonido del viento o el estar acostado bajo un cielo abierto cubierto de estrellas. Sebas encuentra también un estado de meditación en el andar. “Llega un momento en el que me olvido de la bici y de que estoy pedaleando, ya no siento ni frío ni calor ni cansancio, simplemente estoy fluyendo, pierdo el sentido del tiempo, sólo estoy siendo parte de todo, y de repente sin darme cuenta estoy llegando al siguiente pueblo.” Dentro de todo lo sanador y transformador que tiene el andar, él dice que en cada tramo encuentra otras partes de sí mismo, y entonces la historia empieza a narrarse desde diferentes puntos de vista.

En esos momentos consigo mismo Sebas escribe su bitácora, anota ideas y sensaciones en sus libretas, y Ngurú da largos paseos, caza algo por ahí o simplemente se hecha a descansar a su lado. La ruta los ha hecho compañeros inseparables.

Ngurú tiene una mirada profunda y lejana, sin dudas sus ojos contemplan en el horizonte algo que los humanos no vemos. Tiene la mirada agradecida y bondadosa, de esas que tienen los animales a los que un alma amiga les da una segunda oportunidad, la de sentirse amado y cuidado. Tiene un temple apaciguado y, al igual que su compañero Sebas, es muy sociable con las personas, no tanto con algunos perros, pero están trabajando en esa conducta para hacer su camino aún más ameno.


Desde hace algunas semanas Sebas y Ngurú andan por San Juan, han conocido Calingasta, estuvieron varios días en el Leoncito, pasaron por Bella Vista, Jáchal y luego arribaron en la capital sanjuanina. Anduvieron por Ullúm, escalaron el cerro Tres Marías y aún les quedan un par lugares más por explorar de esta provincia.

Sebas también narra con gran entusiasmo y maravilla los primeros pasos de su gran viaje por la Patagonia Argentina, con algunos desvíos hacia la parte chilena, porque toma caminos hacia donde su sentir o intuición lo guían y, si bien tiene una ruta trazada en el mapa, el sendero se va extendiendo hacia otros lados y el período de viaje se alarga, pero él así los disfruta, porque este es un viaje sin tiempo. Y ahora cuenta con un compañero incondicional que lo sigue adonde vaya.


Natalia Sol Peralta


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Fotografías: Natalia Sol Peralta

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